-¿Cómo puede ser eso? -quise saber teniendo la oreja literalmente pegada al teléfono. Estaba realmente extrañada de que me llamara a las tres de la mañana.                                                                                                                                -Acabo de volver hace un rato, tomamos un avión a otra hora para librarme de la prensa de por la mañana. Lo siento mucho, imagino que estabas durmiendo,... -tenía la voz un poco ronca, como si estuviera alterado.                                                                                                                       -Bueno, sí, siento confesarte que es lo que tiendo a hacer a estas horas -murmuré apartandomé el pelo revuelto de la cara e intentando despertarme- ¿me llamas por algo importante?                                                      -¿Importante? Desde luego, necesitaba verte -confesó, me pudé imaginar su sonrisa en aquel momento, probablemente similar a la que se dibujó en mi rostro, él era capaz de despertamente con rápidez.                                                            -¿Necesitabas verme a las tres de la mañana? -me senté en la cama.                                     -No, necesitaba verte a las dos, así que cuando llegué a casa, cogí el coche de mi padre y vine a tu casa para verte,...                                                     -¿Cómo que a mi casa? ¿Estás aquí? -le pregunté incrédula.                                        -Para ser exactos, estoy delante de tu casa, esperando a que te asomes por la ventana,...-nada más decirme aquello ya me había levantado de la cama y estaba mirando hacia afuera por mi ventana.                                                                                                      Estaba allí realmente, apoyado contra el antiguo SEAT azul oscuro, delante de la acera de mi casa, con una chupa oscura y con el iPhone pegado a la cara. Nada más verme,  sonrió genuinamente. Al segundo recordé las pintas que tendría y me agaché rápidamente bajo mi ventana, no tardé en oír su voz por mi móvil.                                                                                                            
 -¿Por qué te escondes? -me preguntó riendo.                                                          -Porque no quiero que me veas así -me quejé mientras miraba a mí alrededor en busca de mis vaqueros.                                                                        -Como tú quieras, pero baja,... -me pidió con voz lastimera, no pude evitar reírme, pues ya me había escabullido hacia el otro lado de mi habitación y me estaba poniendo los pantalones como podía con una sola mano.                                                                                                                             -Ni lo dudes, ya me estoy cambiando de ropa -le comenté mientras me abrochaba el botón de los vaqueros.                                                                        -Interesante,... Quizás podrías volver a la ventana,... -me sugirió mientras se volvía a reír. Y de hecho lo hice, ya con los pantalones puestos, solo y exclusivamente para sacarle la lengua por la ventana.          
-Ahora nos vemos, pervertido -le advertí colgando la llamada y cerrando la ventana. 
Me cambié rápidamente la camiseta del pijama por una fina sudadera morada, pues era la prenda que tenía más a mano. Me lavé la cara, me cepillé el pelo a la carrera, y me lavé los dientes en tiempo record. Finalmente me escabullí por la escalera de atrás de mi casa, con el mayor sigilo posible, abrí la valla que la rodeaba y conseguí salir.

-Hola, guapa -me saludó antes de zambullirme en sus brazos. Le miré de reojo y sonreí. Llevaba aparte de la fina chupa oscura, una camiseta azul clara y la chapa militar que precisamente yo le había regalado hacía mucho tiempo; inconscientemente me puse a juguetear con ella.                     
-Guapísima, desde luego,... -murmuré irónicamente- Te he echado de menos.                                                                                                                                      
-Es bueno saberlo -comentó con una sonrisa.                                                     
-Eres único ¿eh?, yo esperaba un: "yo también a ti" o algo así,...                                        
-Pero ya lo sabes, Caitlin -se quejó poniendo sus manos en mi cintura.              
-Bueno, también es bueno oírlo de vez en cuando -le argumenté abandonando mis manos alrededor de su cuello.                                                          
-Te quiero.                                                                                                                                            
Dios mío, eso, definitivamente, no me lo esperaba.                                                          
-¿Demasiada información? -me preguntó mordiéndose el labio, ocultando una sonrisa.                                                                                                  
-No, no, que va. Simplemente no me esperaba algo así. Hacía mucho que no te oía decir eso, al menos, no con sinceridad,...                                                    
-Siempre intento ser sincero contigo -saltó él haciendo unos adorables pucheros, por un segundo me vino a la mente la imagen de su hermana pequeña.                                                                                                                                            
-Lo sé, Justin, creemé, ví la entrevista,... -le comenté con una sonrisa.                  
-La verdad es que no esperaba que me preguntara por ti -dijo apártandome el pelo de la cara. 
Estabamos muy cerca del verano, pero en Canada hacía incluso un poco de frío en ese momento; por lo que agradecí interiormente ese gesto.                                                                                                                              
-Y yo no esperaba que dijeras eso de mí.                                                                                      
-Supongo que tampoco te esperarás que quiera ser tu acompañante en tu baile de graduación -me dijo mientras me apartaba ligeramente de él y sacaba dos tickets que conocía tan bien del instituto.                                        
Quedaba dos escasas semanas para la graduación del último curso. Mi curso. Graduación a la cual había planteado asistir hacía apenas unos días con Matt. Realmente, todo era una locura.                                               
-¿Cómo te has acordado de esto, Biebs? -murmuré emocionada, mientras cogía las entradas y las miraba detenidamente.                                    
-Bueno, también se graduan los demás, y debía haber sido la mía, así que no me fue tan díficil. Aunque... Chris, me ayudó en el tema de poder comprar las entradas.                                                                                                
-Se lo tendré que agredecer en cuanto lo vea -comenté antes de acercarme de nuevo a él y regalarle el beso más entusiasta que pude darle. Nada más separme me sonrió con un brillo especial en los ojos.            
-¿Y esto?                                                                                                                                       
-Consideralo una aceptación -le dije antes de que él me mismo se acercará a mí y me devolviera él  beso; pero de una manera más lenta, más suave e incluso más dulce.                                                                                                 
-Estaré allí, esa noche, ¿vale? No me voy a perder más oportunidades para verte vestida con un vestido alucinante.                                                                      
-Y cortísimo,... -murmuré. Era una prueba, ni siquiera había pensado que clase de vestido podía llevar.                                                                                    
-Bueno, eso tampoco estaría mal -me aprobó con sincera alegría, me reí animada. Un adolescente con las hormonas alteradas, como todos, una persona normal, como siempre.                                                                                   
-Mejor me voy ya, que mi madre no es de las que suelen tender a dormir toda la noche de un tirón -le comenté.                                                                                
Le dí un último abrazo y un último beso antes de despedirnos, pero cuando ya estaba al lado de la puerta de la valla que rodeaba la casa, me llamó a lo lejos; no parecía haber tenido suficiente.                                                         
-¿Sabes? Tú misma lo has dicho; es bueno oírlo de vez en cuando,... -me pidió indirectamente a lo lejos.                                                                                            
-Yo también te quiero, Justin.