-Ábreme, por favor –me pidió. Realmente había subido por la parte trasera de nuestra casa y estaba en el pequeño balcón de mi habitación. Tenía el pelo ligeramente despeinado y llevaba una fina sudadera azul, dolía darse cuenta de cuanto me seguía gustando, incluso en ese momento.                                                                                                             Nos quedamos mirándonos durante un largo rato, no sabía cómo tenía la vergüenza de seguir con todo aquello. Ahora no me parecía extraño que la prensa aún no se hubiera enterado de nada sobre nosotros. Para ellos, Justin y Selena acababan de salir de una pequeña crisis y volvían a ser el perfecto modelo de pareja feliz; mientras yo me convertía, tristemente, solo a mis ojos, en el sucio secretito de Justin Bieber.                                                   
-¿Y si no quiero? –le pregunté de la peor manera posible. Ya me daba igual que se hubiera dado cuenta de que había estado llorando, probablemente ya lo habría supuesto al ver mi rostro.                                                                        
–Esperaré aquí hasta que lo hagas, Caitlin –me advirtió, su voz me llegaba ligeramente ahogada debido al cristal que nos separaba.                                   
Finalmente me acerqué a los ventanales que tenía y le abrí uno sin decir ni una palabra; él entró repentinamente confuso ante mi súbito silencio.                     
-Comprendo lo enfadada que estarás,... -comenzó a decir en el centro de la habitación, a sabiendas de que él no pensaba moverse; me senté en la silla que tenía al lado del escritorio.                                                                                             
-No estoy enfadada, Justin. No seas ingenuo; estaría enfadada si me hubieras ocultado algo, pero esto no ha sido ocultarme algo; esto ha sido engañarme descaradamente. Tú nunca has visto a Selena con otro; no sabes cómo se siente,...                                                                                                      
-No seas tú la ingenua, que me va a importar ver a Selena con otro chico, ahora,... -se agachó al lado de mí y me agarró las manos. Le miré esta vez, realmente cabreada, a los ojos.                                                                                       
-¿Me estás vacilando? ¿Me estás diciendo que me has engañado con Selena simplemente por hacerlo, qué ni siquiera sientes nada por ella tampoco? -solté su agarre de sopetón y él me dirigió una mirada cansada.                                                                                                                  
-¿Me dejas explicarte todo, paso a paso? Sería mucho más rápido que contestar cada una de tus preguntas -le devolví un frío silencio, que él entendió como una aceptación o probablemente estaba deseando tener  cualquier oportunidad para hablar.                                                                           
-Nada más volver a L.A. me encontré con Scoot, tuve que ir al estudio de L.A. Reid para terminar de grabar una canción con Usher para el disco de navidad. Le conté toda la situación, todo lo que me estaba ocurriendo, a él y a Usher. Y ambos estuvieron de acuerdo, Caitlin. No puedo acabar con Selena así como así. No solo afectaría a mi carrera, sino también a la suya. Tú misma me lo dijiste, ¿recuerdas? Debo tenerlo en cuenta por mucho que quiera acabar con esta farsa, Cathy. Tenemos que parecer la pareja normal que éramos hasta que llegue un momento en el que la noticia no afecte de una manera radical a nuestro trabajo.                                                                                             
-¿Y cuándo va a ser eso? -le pregunté sin rodeos, sin ni siquiera querer mirarle a la cara.                                                                                                                  
-Mi disco saldrá en noviembre, así que eso no es lo que más se interpone. Selena en cambio, está a punto de sacar el suyo y hará una gira con él este verano; después de la gira no debería haber,...                                         
¿Cuando?                                                                                                                    -Dentro de dos meses y medio -me respondió con la voz repentinamente seca. Me levanté del asiento y él copió mi movimiento. Me acerqué a la puerta de mi habitación y se la señalé con un movimiento de cabeza.                         
-No vuelvas a presentarte en mi habitación, no vuelvas a dirigirme la palabra, no vuelvas a llamarme y mucho menos vuelvas a tocarme; hasta que pasen esos dos meses y medio, Justin -le advertí mordiéndome el labio, noté el metálico sabor de la sangre en mi boca.                                            
-Caitlin,... -murmuró de nuevo, enviándome otra punzada llena de dolor.              
-Entiende esto de una vez. No pienso estar esos dos meses y medio siendo el sucio secretito de Justin Bieber. Si no puedes romper con ella, está bien, lo asumo, pero no esperes que esté contigo mientras tengas que estar con Selena. He pasado mucho tiempo sin ti, Justin, y ya me viste, pude sobrevivir. Pero eso sí, no pienso estar aquí siempre, ¿sabes? Si pasan esos dos meses y medio y soy yo la que ya no quiere estar contigo, tendrás que asumirlo, tendrás que asumir que habrá sido culpa tuya -me miró con desesperación por unos segundos, pero finalmente me hizo caso y desapareció por la puerta, para marcharse quién sabe a dónde.                                                                                                                     Nada más desaparecer de mi vista, cerré la puerta de mi habitación a cal y canto; me apoyé en ella para acabar sentada, y lloré silenciosa pero intensamente, prometiéndome a mí misma que sería la maldita última vez que lloraría por su culpa, por todo aquello que me había quitado la vida en ese tiempo; y sobre todo por lo que estaría por venir.