…Cuatro días…
-¡Tierra, llamando a Caitlin Beadles! ¿Hay alguien hay?                                      
La voz de Cameron me despertó de mi ensoñación. Estabamos sentados en el césped del patio de nuestro instituto con otro gran grupo de alumnos. Estabamos descansando después de haber estado casi dos horas decorando el gimnasio para “la noche de nuestras vidas”                                                                                               
-No es nada, Cam, en serio –le respondí mirando para otro lado; el día se me presentaba eterno. Justin se había presentado constantemente en mi casa con la excusa de ver a Christian. No nos habíamos hablado, no nos habíamos mirado, ni siquiera nos habíamos rozado. Lo había observado jugar en el patio con mi hermano al lado de mi cochera desde mi ventana, con mucho cuidado de que no se diera cuenta; para torturarme a mí misma, que sé yo por qué,…                                                                                                              
-Llevas rara mucho tiempo, hace mucho que no sonríes,… -me acusó mirando de reojo a su amigo Cody, el cual estaba hablado muy animado con Ashley.                                                                                                                               -¿Qué te importa a ti cuando sonrío o no sonrío? –le pregunté, quizá de manera un poco ruda; aunque él no pareció inmutarse.                                               
–A alguien debería importarle, ¿no crees? –me intentó responder él con otra pregunta; le miré y sonreí ligeramente; probablemente para quitarle importancia a su comentario.                                                                                                       
-¿Y tienes que ser tú precisamente? –quise saber alzando una ceja, realmente divertida ante su flirteo descarado.                                                      
–Bueno, ¿y por qué no puedo ser yo? –me preguntó antes de acercarse, y quedarse a escasos de mi rostro. Le miré realmente sorprendida; dándome cuenta de lo poco que conocía realmente a ese chico. 
           
Cameron ya me había convencido para quedar con él solo diez minutos después. La idea no me desagradaba del todo. Cameron era realmente mono, divertido y buscaba algo que poco chicos habían intentado conmigo, hacerme féliz. Pese a todo, yo solo me repetía una cosa; ya lo había hecho antes, podía quedar con otros chicos, aunque solo fuera para distraerme.                                                           
No, Justin, tú no puedes influirme también en eso.
Llegué a casa cerca de las tres, aparqué con sumo cuidado en nuestra cochera, ya que para variar, los chicos se encontraban por ahí jugando a baloncesto; sí, Justin incluido. En aquel momento ni siquiera le dirigí ni una mirada. Me metí en casa saludando de pasada a mi hermano, que continuaba revoloteando alrededor de Justin tan campante.                                                                                        
-¡Mamá! –llamé mientras subía con rapidez la escalera principal. Mi madre apareció viniendo del salón y yo me paré y la miré desde arriba.                                                                                                                               -¿Ocurre algo importante? –me preguntó, llevaba un canasto inmenso de ropa sucia, de repente pareció acordarse de donde venía- ¿Cómo ha ido la decoración?                                                            
-Genial, mamá. Pero quería avisarte de que está noche voy a salir por ahí con Cam.                                                                                           
-¿”Salir por ahí”? ¿Es así como se dice ahora? –me preguntó sonriendo, le miré de una manera acusadora y volvió a sonreír- Perdona, cielo. Pero me alegro de que salgas con alguien; has tenido unas semanas muy raras desde lo de Matt…                                                   
-Desde Matt, ya, seguro,… -murmuré y me marché directa a mí habitación para arreglarme.                                                                                          

Después de tirarme cerca de dos horas arreglándome salí de mi cuarto con otra perspectiva con respeto a la cita. Era agradable, preocuparse como una chica normal, de la apariencia que tendrías para un chico nuevo; pues pese a que ya conociera bastante a Cameron, nunca me lo había imaginado como novio. 
En el último segundo, tras haber elegido unos shorts vaqueros oscuros, y una camiseta con vuelo, pero de mangas largas y ajustadas, decidí ponerme una cazadora muy especial. Había sido regalo de Justin cuando habíamos cumplido el primer mes. Era la típica cazadora de un jugador de fútbol americano; pero eso no importaba, lo que importaba era que Justin la vería, y que a lo mejor por unas milésimas de segundo, él se sentiría mal, él y no yo.                                                                                                                      
El timbre sonó de improviso trayendo consigo una sonrisa por mi parte. Mi madre ni se molestó en abrir, tenía claro que era para mí. Bajé las escaleras con paso acelerado y le abrí la puerta a Cameron con una cálida sonrisa de bienvenida.                                                                                                                       Noté la mirada insistente de Justin constantemente en mí desde que salí por la puerta y la casa desapareció de nuestra vista.                                                                 
Me llevó a la pequeña feria que habían montado cerca de su casa. Era cuatro atracciones, algunos puestos de comida y muchísima gente a nuestro alrededor; pero fue genial. Nos montamos tres veces en cada atracción, me invitó a un algodón de azúcar gigantesco, que al final acabamos compartiendo y me consiguió un peluche aún más grande si cabía de un tigre.                                                                                                            
–La próxima vez, elige otra cosa que no sea el algodón de azúcar, por favor, ahora me duele la cabeza –comentó pasándose la mano por su pelo despeinado, mientras llegábamos el porsche de mi casa.                                                                                                                
–Serás bobo, ¿qué culpa va a tener el…? ¡Espera! La culpa la tendrás tú, ¿quién ha empezado a comérselo descaradamente? –le eché en cara con una sonrisa, apretando con fuerza el peluche al cual llevaba abrazada todo el camino.                                                                                                                            –Vamos, no podías habértelo acabado tú sola, Caitlin –se quejó metiendo las manos en los bolsillo de su cazadora- Estas muy guapa cuando sonríes, lo eché de menos, ¿sabes?                                                                                        
-Ya, supongo que estoy bastante extraña, de como siempre,…                                        
-Bueno, tú siempre has sido extraña –le dí como en un apto reflejo en el brazo, pero sin pasarme y él sonrió mientras susurraba un “augh” muy fingido- En serio, ¿estás preocupada, te puedo ayudar en algo?                                   
Al instante, lo estaba callando con un beso. Ya que no quería que tocara temas de los que yo no quería hablar, ya que por una vez alguien parecía realmente preocupado por mí, sólo por Caitlin y porqué básicamente me dí cuenta de que realmente me gustaba.                                                                        
Entre en la casa con la desgraciada suerte de darme cuenta de que todos los chicos estaban allí en el salón, armando barullo. Mamá se me acercó nada más verme llegar.                                                                                                     
-¿Cómo ha ido esa salida, cielo? –me dijo abrazándome por lo hombros.      
–Genial, mamá –en ese instante se oyó claramente el sonido de algo cayendo estrepitosamente al suelo; ambas pusimos los ojos en blanco- ¿se puede saber que hacen todos los chicos ahí?                                                                     
Probablemente mi madre no entendía que por todos los chicos yo sólo me refería a Justin.                                                                                                                        
–Pues eso, que se van a quedar a dormir todos; así que he tenido que sacar todos los colchones y sacos de dormir que teníamos por ahí. Aunque eso, sí, Chris está que no cabe en sí del gozo,…                                                            
Claro que Chris estaba encantado, al fin y al cabo, era Justin quién, junto a los otros, se iba a quedar a pasar la noche en nuestra casa,…                                   

CONTINUARÁ…