La verdad es que me apetecía volver a subir cosas mías; así que espero que os guste mucho, pero quiero todas vuestras opiniones ;). Esto solo es la primera parte del primer capítulo. Si os gusta lo que he dejado, subiré pronto la siguiente parte :3




1ªCAP 1º PARTE: Primer encuentro

Se apartó de la ventana totalmente alterada. El tiempo que se divisaba a través de ella no era muy prometedor. Aquella mañana de enero, en pleno invierno, todo a su alrededor estaba helado. Era la típica mañana que no le gustaba nada. Ella era una chica alegre que adoraba el sol y fuera de donde se encontraba había oscuros nubarrones que presagiaban una terrible tormenta.                                       
Se resignó y se cambió de ropa para ir al instituto; obligada a llevar, como no, una chaqueta que le añadía cinco quilos de más. Se miró entonces en el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación. El reflejo le mostró a una chica joven y esbelta de casi diecisiete años. Su lisa melena morena le llegaba hacia la mitad de la espalda y su redondeado rostro quedaba dulcemente adornado por unos cálidos ojos marrón chocolate.                                                                                    
Se alejó del reflejo de aquella muchacha poniendo mala cara; no le disgustaba mirarse, pero cada vez que lo hacía no podía evitar darse cuenta del grandísimo parecido que guardaba con su madre.                                               
Fue al piso de abajo bajando las escaleras de dos en dos, intentando cambiar de humor. Comenzó a oler a café nada más asomarse a la cocina. Allí ya estaba Louise sentada en el sofá mirando absorta a la pantalla de nuevo iPhone, probablemente metida en internet.                                                                                                
Louise era la segunda esposa de su padre. Seguía sin entender como había podido surgir el amor entre dos personas de tanta diferencia de edad. Pero no le molestaba, su padre era feliz, Louise le hacía feliz y eso era lo único que le importaba. Además, lo mejor de Louise era que nunca le había intentado tratar como su madre. Entre ellas había existido la típica relación entre dos amigas adolescentes.                                       
–Dana –la saludó ella nada más percatarse de su presencia y apartando ligeramente la mirada de su móvil- ¿te apetece café? He hecho un poco.
Louise era la única que se encontraba en casa cuando se levantaba cada mañana. Rara vez podía desayunar con su padre, pues éste se quedaba hasta largas horas trabajando en la oficina; e incluso se marchaba varias veces de viaje con la empresa, y de hecho en aquel momento, él se encontraba en uno de ellos.                                    
Realmente, físicamente ellas dos no se parecían para nada, salvo de causalidad en lo liso que tenían el pelo. Sin embargo, Louise tenía un alegre color caramelo y llevaba un bonito corte estilo bob que precisamente le había sugerido la chica.                         
–Claro, muchas gracias, Lou –dijo mientras cogía la cafetera y se servía un poco. Louise le regaló una incondicional sonrisa que siempre le hacía recordar lo mucho que le gustaba que la llamase de esa manera.                                                    
–Y bien, ¿preparada para el primer día de clase después de las vacaciones de navidad? –le preguntó mientras se levantaba del sofá y se sentaba en una de las sillas más próximas a la cocina, junto a ella, al lado de la barra.                                        
-¿Hace falta que lo preguntes? Claro que no –dijo cogiendo una de las tostadas que acababan de salir de la tostadora- En mi opinión, estas son las peores vacaciones que nos dan; te hacen creer que hace mucho que no vas al instituto con eso del cambio de año, pero en realidad son solo dos semanas de vacaciones.                                         
–Eso no importa, seguro que estás deseando volver a ver a Bree y Cher, ¿o me equívoco? –la retó Louise mientras miraba de reojo la pantalla de su iPhone de nuevo.                                                                                
–Desde luego, es lo único bueno de haberse levantando tan temprano y con este mal tiempo. No podría vivir sin esas dos locas, pero ya verás, no pararán de contarme lo alucinantes que han sido sus vacaciones, y yo sin nada que contarles,…                        
-Ya sabes porque no hemos podido ir este año de vacaciones, Dana, tu padre,… -la interrumpió Louise echándole una mirada de advertencia, pues probablemente ya estaba cansada de abordar siempre el mismo tema de conversación.                  
–Sí, sí, ya lo sé. Mi padre, San Francisco, blah, blah, blah,… -le dio un último bocado a su tostada y se marchó de la cocina para correr escaleras arriba.                 
Ni siquiera había llegado a entrar de nuevo en su habitación cuando oyó desde el piso de abajo la voz insistente de Louise.                                                     
-¡No te entretengas, o llegarás tarde!                                                            
-¡Qué ya voy! –se quejó ella. Cogió la mochila morada que tenía abandonada de cualquier manera en una de las esquinas de su habitación y metió a toda velocidad en ella, junto a los libros y cuadernos que ya llevaba, su móvil, sus llaves y su nuevo reproductor de música.                                                                                                
Se echó un rápido vistazo en el espejo y se dijo a sí misma que aquel iba a ser un buen día, que ni siquiera su familia o el mal tiempo le arruinaría.                                    
Nada más salir de su habitación oyó de sopetón el insistente timbre de la puerta. Aceleró el paso hasta el recibidor.                                                                
-¡Ya abro yo! –proclamó antes de abrir el picaporte de un tirón. Fuera esperaba Bree, la cual parecía una gatita mojada; pues pese a llevar un anorak de pelo, capucha y paraguas, tenía gran parte de su melena oscura ondulada empapada, la tez blanca, la nariz roja y tiritaba de frío.                                                                   
–De verdad que odio este tiempo, en serio –musitó la chica a modo de saludo. Dana la apoyó con una verdadera sonrisa de camaradería- Menos mal, que tienes un coche cubierto y no un descapotable.