La cena aquella noche fue un jaleo monumental. Mis padres, Chris, yo, y medio regimiento más. Mamá tuvo que preparar, con mi ayuda, comida para todos lo chicos; con suerte todos se conformaron con perritos calientes, pizzas y demás comidas precocinadas. Yo me preparé un poco de la pasta del día anterior y me subí arriba con mi plato; mis padres ni se molestaron en preguntarme porque no comía con ellos, se podían hacer a la idea. La sorpresa me llegó cuando distinguí una extraña caja con unos pequeños agujeros encima de mi cama. De hecho, nada más abrír la habitación, lo primero que hoy fueron unos golpecitos provenientes de la mísma caja. 
Solté el plato de pasta en el primer sitio que me fue posible y me dirigí con rápidez a abrir a lo que fuera que hubiera allí; porque tenía claro que había algo allí esperando por mí. No pude reprimir mi sorpresa cuando al abrir la caja, un lindo gatito blanco con manchas negras de poco más de tres meses me miró con unos enormes ojos azules. Lo cogí con sumo cuidado y lo arrimé a mí como si fuera un pequeño bebé; el pequeñín me maulló en respuesta y yo sonreí ante ese agudo sonido.                                                                     
-Pero, ¿qué estas haciendo aquí, cosita? -le pregunté buscando algo que respondiera a mi pregunta. Encontrando; rápidamente, por dentro, en una de las solapas de la caja, un pequeño posit firmado por su incondicional firma.                                                                                                                                                     
Sí, ya lo sé, no me quieres hablar. Pero eso no me impide pedirte perdón de otras maneras. Al principio no sabía que regalarte, y puede que suene cursi, pero fue verla a ella y pensar en ti. Se me  quedó mirando quietecita y dulce a diferencia de los demás, que se peleaban porque los acogiera; ¿te has dado cuenta? tiene tu mismo color de ojos... No tiene nombre, no le encontré sentido buscarle yo uno, porque ahora es tuya, solo tuya.                                                                                                                       Tomalá como algo insignificante para pedirte disculpas por todo lo que te he hecho o tomalá como muestra de que nunca quiero herirte, Cathy, como muestra de que pese a todo, te sigo queriendo, porque sí, te quiero a ti, y a nadie más.                                                                                                                      No quiero hacerte daño Caitlin; pero entiende que no voy a dejar que te alejes de mí de nuevo. Ya he saboreado como es mi vida contigo y como es mi vida sin ti; y te lo repito: No voy a dejarte marchar otra vez.         

Me senté con cuidado en la cama y solté a la pequeña gatita en mi regazo. Me echó una mirada de reojo antes de acurrucarse en sí misma y comenzar a ronronear.                                                                                                        

¿En serio no quieres hacerme daño, Justin? Te he pedido que no volvamos a tratarnos hasta que podamos estar juntos. Nunca te he dicho que no te quiera, idiota,...¿Cómo crees que me siento ahora que he leído esto?             
     
Cogí el teléfono que tenía en la mesita de noche y me conecté a twitter lo más rápido posible; probablemente no hubiera podido esperar a que se encendiera el pórtatil. No me paré a nada más; sino que fui directa a los mensajes y a su cajetín.                                                                                                          @godsgirl8494: Sí te soy sincera, no sé me ocurre que nombre puedo ponerle, ¿tienes alguna idea? :)                                                                                                        Quería decirle muchísimas más cosas, desde luego. Pero primero de todo sería firmar una especie de tregua; aunque solo fuera por twitter, donde no tendría que mirarle a la cara, pese a que lo tuviera en el piso inferior, con mi hermano y sus amigos.                                                                                               
Me tiré los quince minutos que tardó en contestarme pegada literalmente a la pantalla de mi móvil. Realmente necesitaba saber que se le habría pasado por la cabeza cuando había visto que me había dignado a hablarle, de alguna manera.                                                                                                                     
@justinbieber: Podrías llamarla Strikie, ya te he dicho lo mucho que me recuerda a ti.                                                                                                                             Mi sonrisa apareció al instante. Strinking beauty (de espectacular belleza) era parte de nuestra canción favorita, hacía dos años. En ese momento, no tuve dudas de que la gatita se llamaba así. Strikie.                                                     
Cuando finalmente; dieron las doce y media; y el alboroto de abajo se apagó, ya que los chicos finalmente se habían quedado durmiendo todos en el salón; me escabullí a la cocina a coger un poco de pan y mojarlo en leche; para que Strikie comiera algo, por la mañana tendría que pedirle a mamá que fuera a comprar comida para gatos.                                                    
Estaba ocupada buscando un pequeño bol entre todos los platos, intentando no hacer ruido; que ni siquiera me di cuenta de su presencia; a lo mejor incluso llevaba esperando todo la noche a que yo bajara, solo para intentar hablar conmigo.                                                                                                      
-Aún no la he oído maullar -comentó él; abriendo la conversación con Strikie, un tema al que probablemente tenía más esperanzas de que le contestará. Su voz me supo con una dulce melodía, después de tanto silencio entre nosotros.                                                                                                       
-Por lo visto, Strikie es muy quietecita y dulce a diferencia de los demás; se ha quedado durmiendo en el sófa de mi habitación -le contesté; encontrando y cogiendo finalmente el bol. Oí con claridad un suave suspiro de su parte. Me dí la vuelta, y finalmente le dí la cara.                     
Llevaba básicamente un pantalón de chandal gris oscuro y una amplia camiseta clara de manga corta roja; a diferencia de mí, que ni siquiera me había puesto aún el pijama.                                                                                            
-Me alegro de que te haya gustado el nombre -me confesó aún en el marco de la puerta, ni siquiera se atrevía a entrar, y por un instante lo comprendí. No quería acercarse a mí, porque creía que eso era lo que me lastimaba: su cercanía; seguía sin comprender que eso era lo único de lo cual no tenía dudas que no me lastimaba.                                                                                         
-Justin, hoy he salido con un chico, muy amigo mío,...                                             
-Creemé, lo sé. ¿No te has dado cuenta de mi mirada asesina hacia él mientras os ibáis? -me preguntó entre risas.                                                           
-¿Estabas celoso? -le pregunté ladeando la cabeza y mordiéndome el labio; la idea me agradaba notablemente.                                                                              
-He tenido sinceras ganas de asesinarlo cuando le has besado en el porsche. Así que sí, digamos que estaba celoso -me confesó lamiéndose el labio y ocultándome una sonrisa.                                                                                  
-Siempre has sido un cotilla,...-le comenté.                                                                       
-Te quiero, Caitlin -me volvió a repetir antes de que yo acabará mi frase. Dios, era muchísimo más díficil oírselo decir cara a cara sin acabar rendida a sus pies. Su sedoso y claro pelo despeinado de recién levantado, sus labios que tantas veces había besado, sus ojos brillantes color miel,...                                                                                                                    
-¿Por qué me dices eso 
ahora?                                                                                       
-Pues,... porque necesito estar contigo todos lo días. Y no sé como voy a soportar estar alejado de ti hasta que acabe el verano. No sé si entenderás del todo esto, Cathy; pero te necesito a ti, en todos los sentidos -me reveló atreviéndose finalmente a entrar y a acercarse a mí. ¿En serio creía que no lo entendía? No había vuelto a estar con nadie desde él. Ni Peyton, ni Matt,... Sólo había sido él, sólo había sido yo; sólo habíamos sido nosotros, aquella noche, hacía mucho tiempo.                                                                                                                      -¿Solo una noche, para saciar tus ganas? -quise saber poniendo mis manos alrededor de sus hombros; apoyó su frente contra la mía y noté el suave calor que desprendía.                                                                                                         
-Para ser sólo nosotros otra vez, Cathy -me respondió antes de atrapar mis labios con los suyos; y de levantarme con cuidado para sentarme en la encimera de la cocina para poder besarme con mayor facilidad.               
Enredé mis manos en su sedoso pelo rubio mientras él bajaba hacia mi cuello y se dedicaba a besármelo con esmero, haciéndome un chupetón del cual probablemente tendría que preocuparme después. 
                                                          
CONTINUARÁ...
www.twitpic.com/photos/danagallego