FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!! Esto es rarísimo; pocos comentarios pero muchas menciones xD. Pero MUCHAS GRACIAS!!!! Espero que os encante esta segunda parte ^^

CAP 1: 2º PARTE

Dana no pudo evitar pensar en cómo irónicamente ella le decía justo lo contrario el tiempo que pasaban juntas en el verano. Alzó un poco la voz y se despidió de Louise, quién supuso ya estaría de nuevo absorta mirando la pantalla de su iPhone.               
Condujo de mala leche entre la lluvia que apartaba su limpiaparabrisas y la estúpida niebla mañanera que la acompañaba casi cada día. El camino hacia el “Sindey College High School” no era precisamente un camino de rosas para alguien que hacía poco más de tres meses que se había sacado el carnet de conducir; por lo que evidentemente, aquel mal tiempo no le ayudaba en nada.                                         
–Parece que has mejorado en lo de conducir –comentó Bree observando con atención el interior de su bolso, buscando como casi siempre su barra de labios para después bajar el espejo del asiento del copiloto y retocárselos.                                 
–Dices eso porque ni siquiera estás mirando al frente,… sigue así, que será un hecho catastrófico morir sin haberte retocado el maquillaje –le aseguró Dana con una sonrisa en los labios pero sin dejar de prestar atención a la carretera.                        
–Boba –murmuró mientras efectivamente sacaba una barra de tonalidad nudge de su bolso y se retocaba los labios.                                                                       
–Bueno, y antes de que se me vaya el volante o nos deslicemos por el hielo, cuenta, ¿algo interesante estas vacaciones? –le hizo la pregunta, consciente de que tarde o temprano, Bree acabaría explotando.                                                         
–Una pasada. La nieve estuvo espectacular, el refugio donde estuvimos,…pero en serio, deberías haber venido,…                                                                                 
-Ya sabes por qué no pude ir,… -musitó Dana consciente de que su amiga ya no la escuchaba.                                                                             
–…porque conocimos a dos chicos guapísimos. Y estoy segura de hecho, de que uno de ellos te habría encantado; era el chico perfecto para ti.                                               Eso no la pilló desprevenida, Bree era así la mayor parte de tiempo; ya podía escucharla diciendo a ese supuesto chico como conocía a una chica perfecta para él, le gustaba pensar que era una buena celestina.                                                    
-¿Y? Cuéntame cómo era –le pidió Dana entre risas, acostumbrada a esa actitud, Bree bufó exasperada.                                                                            
–Bien, no me crees, para variar,…                                                             
-No he dicho que no te crea, idiota. Pero si tuviera que hacer caso a todo lo que me dices, probablemente ahora tendría cientos de chicos perfectos para mí, bueno, que digo, ¡miles! –le explicó aun riéndose.                                                         
–Está bien, pues entonces no te cuento nada más –le aseguró Bree, totalmente pasando del tema de repente.                                                                          
Eso sí que extraño a la chica, puesto que a esas alturas su amiga le habría destripado todos los antepasados familiares del chico; por lo que le echó una mirada de reojo llena de curiosidad.                                                                                           
–Pero, ¿me vas a dejar así? Termina, en serio, te escucharé,… -le dijo intentando sonar totalmente sincera. Bree la miró por el rabillo del ojo presagiando si realmente sería verdad, y pareció quedar convencida puesto que comenzó con la descripción detallada del chico.                                                                                    
–Verás, era de estatura media; no te sacará más de cinco centímetros, tenía el pelo de un castaño rubicundo, y con flequillo. Además, tenía unos ojazos color miel que te tiraban de espaldas. No estaba ni muy machacado en el gimnasio ni muy delgaducho, como te gustan y además se vestía muy bien –hizo una parada teatral donde miró a su amiga, que asentía consecutivamente con la cabeza- ¿Cómo voy?       
-Genial, físicamente le daría un diez según tú –añadió con una ligera sonrisa asomando en las comisuras de sus labios.                                                             
–Pues bien, según tengo entendido tiene un hermano mayor, por lo que no es nada mimado, parecía realmente inteligente, despierto y divertido. Le encantan los animales, juraría que nos contó que tenía un perro; adora todo tipo de música,… ¡Ah! Y viaja un montón por culpa del trabajo de su padre, que creo que era cirujano o algo parecido,…                                                                                    
-Mira, ahí no nos parecemos, mi padre se marcha por ahí, pero sin mí,… -murmuró Dana, aunque tampoco le hacía gracia la idea de cambiarse de ciudad cada dos por tres, si lo pensaba bien.                                                                             
–Pero espera que eso no es lo mejor de todo…-añadió ella intentando llamar de nuevo su atención- Le hablé sobre ti y creo que le gustas.                                     
–Pues como le hayas hablado tanto de mí cómo me has contado de él ahora sabrá hasta de mi carnet de identidad,… Pero a todo esto, ¿dónde se supone que vive ese chico?                                                                                                                     
-¿Ya te han entrado ganas de conocerlo? –le preguntó Bree con una sonrisa resplandeciente, que su amiga observó de reojo por el espejo del copiloto.                             
–Desde luego, además, el hecho de qué te haya soportado durante dos semanas le añade más puntos a su favor –le contestó la chica entre risas, observó la mirada de recelo de su amiga y se calló en el apto ya que realmente deseaba saber lo que le había dicho a Bree.                                                                          
–Pues nos conocimos en Irlanda del Norte, pero también estaba de vacaciones; por el momento estaba viviendo en Atlanta. Pero quién sabe, ahora es posible que esté en China y tú aquí, a kilómetros de distancia.                                          
– ¡Oh! ¡Genial! Me hablas maravillas de un chico que vive en Atlanta. Teniendo en cuenta de que vivimos en Brooklyn, ¿cómo debería tomarme eso? –le preguntó girando el coche y entrando finalmente al aparcamiento de su instituto.                 
–Pues a que hay un chico perfecto por ahí esperando por ti y a que probablemente deberías haberme acompañado a Irlanda estas vacaciones –le contestó mientras cerraba el bolso y se acomodaba el pelo.                                                            
Finalmente, Dana aparcó el coche y se alegró de no haber sufrido ningún percance por el camino; la historia de aparcar era lo que peor se le daba sin lugar a dudas. Bree fue la primera en salir con su porte altanera de siempre, seguida por su amiga. Pese a todo ambas tiritaron nada más salir; la calefacción del automóvil les había jugado una mala pasada más de una vez.                                                                    
Corrieron hacia el “Sidney College High School” sin dirigirse la palabra, muertas de frío e ignorando por completo al grupo de alumnos que parloteaban por los alrededores. Recibieron con alegría el calor de las estufas que habían por todo el instituto y Bree se quitó rápidamente su anorak empapado, deseando mostrar la nueva camiseta de marca que se había comprado.                                            
Alguien golpeó el hombro de Dana cuando ésta se estaba quitando su propia chaqueta; se giró en redondo para encontrarse con el rostro ovalado de Cher, la cual parecía que llevaba allí un largo rato, pues lucía totalmente seca y cómoda.                                 
–Te odio, cada vez que te veo has crecido como cinco centímetros más –le acusó Dana con una sonrisa amigable, Cher le coreó con su melodiosa risa y la abrazó cubriéndola con sus suaves y largas ondas ligeramente rojizas. Su amiga se apartó y la miró completamente sorprendida- ¿Y esto?                                                              
-Bueno, realmente me apetecía darme un cambió. Y solo son unas mechas,… mi marrón no se ha perdido,… -murmuró tocándose el pelo distraídamente.                              
–No seas boba, me encantan, ¿pero quién te ha dado la idea? –le preguntó, oyó una tos seca muy mal disimulada y miró hacia Bree quién se señalaba a ella misma muy descaradamente.                                                                                        
–Para que veas que mis ideas no son siempre tan malas –le comentó ella mientras emprendía la marcha hacia las taquillas, las otras dos la siguieron mostrándose conformes de, por una vez, darle la razón a la pequeña de Bree; a la cual la gente le costaba decirle que no.                                                                           
Sus descoloridas taquillas de un vacío amarillo ceniciento las recibieron con el mismo entusiasmo que el que ellas tenían para ellas. Allí solo tenían sus blocs; decorados con fotografías de diversos momentos que habían quedado recogidos con diversión por aquel grupo de amigas: caras chistosas para otras personas menos para la persona de la foto, cumpleaños inolvidables, o simplemente momentos de sincera amistad, repletos de hojas pintadas por cursilerías o tonterías de una adolescente; como aquel chico del cual se tiraron pensando más de tres semanas o sobre aquel garabato que dibujaron de aquel profesor que tal mal le caían en otros años. No tenían más en esas descoloridas taquillas aún, pero para ser el primer día, eso sería más que suficiente.                                                                                      
Por el camino se encontraron con diversos rostros conocidos para las tres, a los cuales saludaron con fingido entusiasmo. Dana pensó sin poderlo evitar como el instituto suponía un largo baile de máscaras donde la gente se dividía en grupos, los cuales fingían muy estúpidamente que esos grupos no existían. Era así de sencillo; o no te caía bien alguien, o es que directamente lo detestabas; pero pese a todo le ponías una sonrisa de oreja a oreja.                                                                       
Encontrar a unas amigas como Bree y Cher le había costado años. Se habían conocido en el primer curso de primaria y su relación se había consolidado a los largos de los años, en lugar de perderse como muchas otras.                                                 
Estaba pensando en todo eso cuando Dana se quedó parada en seco al lado de la consejería, todo fue tan abrupto que incluso sus amigas la pasaron de largo sin ni siquiera percatarse. Pero tampoco su amiga les prestó atención en ese momento, pues junto a Phoebe, una de las conserjes del instituto, morenita, bajita y de la misma edad de su padre, estaba la mejor parte trasera que podía haber visto de un chico. Y nada pudo comparársele cuando el chico en cuestión se giró en redondo y lo contempló por entero. Llevaba en la mano un manojo de papales a los que la chica no prestó ni la menor atención.   .                                                                                                   
A su gusto, ese chico merecía un doce sobre diez.                                                 
Era de estatura media; le sacaría a lo sumo unos tres centímetros, tenía el pelo de un castaño rubicundo, y con un flequillo ligeramente despeinado. No estaba ni muy machacado en el gimnasio ni muy delgaducho y vestía unos vaqueros oscuros, una camisa clara y una chupa de cuero luciendo además una chapa de estilo militar colgada al cuello. Pero a pesar de todo, lo que dejó en ese momento a la chica paralizada fueron unos ojazos de color miel que se encontraron con los suyos en una dulce mirada inesperada.                                                              
Su sonrisa cálida fue como un vaso de agua fría en pleno desierto. Le otorgó a su rostro unos hoyuelos y una niñez que a los ojos de Dana le hizo aún más adorable si cabía.                                                                                           
Hubo un extraño momento, cuando él intento salir del pequeño recinto de la conserjería y Dana se encontraba en su camino. Ella se percató e intentó apartarse al mismo tiempo que él se giraba al mismo lado que ella. Ahora la sonrisa de ambos se hizo palpable mientras él conseguía salir y le susurraba a la chica:                                              
-Gracias                                                                             
-Nada –murmuró Dana mientras intentaba no quedarse atontaba por el armonioso sonido de su voz. Pero el chico se marchó apresurado y la chica no tardó en sentirse entristecida, ¿podía la felicidad durar tan poco tiempo?                                                 
La respuesta le llegó nada más girarse para observar al chico marcharse ya en la distancia, y ver como este se giraba para hacer exactamente lo mismo que ella había hecho, mirarla, antes de perderse entre la multitud de estudiantes que marchaban apresurados a sus respectivas clases para empezar de vuelta el instituto; leyó sus ojos color miel como un libro abierto.                                              
La felicidad podía durar mucho tiempo.

FIN DEL CAP 1