CAP`2 1ª PARTE : Baile de máscaras

Tardó unos largos segundos en volver a centrarse; pero solo se percató de donde estaba cuando Cher y Bree volvieron a por ella, quejándose continuamente de haber estado un buen rato hablando solas. Dana se disculpó sin más remedio y continuó con ellas el camino que había tomado hacía menos de dos minutos, derecha a su clase de primero de Bachillerato, a su primera hora de ese nuevo año de Literatura.                                                                                                                          
No le mencionó a las chicas nada con respecto al chico que se había encontrado en la conserjería, pues si tenía suerte, lo encontraría de nuevo rondando por el instituto y para entonces, a sus amigas no les haría falta ni la presentación del muchacho.                                                                                                                                 
Entraron a la clase con un intento muy exagerado de entusiasmo, muy parecido al de los demás alumnos. Evidentemente que a nadie le apetecía la idea de encontrarse en aquel lugar, y mucho menos después de haberse pasado dos semanas atiborrándose de buena comida, de haber estado recibiendo regalos por parte de toda su familia y sobre todo, de haberse librado de seguir dando clase.                             
Se podía respirar aún en el ambiente un ligero toque navideño; aún faltaba cinco minutos para que tocará el timbre de la primera hora, y los alumnos estaban desperdigados en esos “grupos inexistentes” contándose las vacaciones tan alucinantes que habían pasado o aquellos regalos tan exageradamente caros que habían obtenido.                                                                                                                  
Dana, Cher y Bree soltaron sus cosas y se sentaron en sus sitios de costumbre,  la esquina izquierda de al fondo de la clase había sido su territorio desde tiempos inmemorables, y sentarse encima de las mismas mesas antes de que empezara la clase, una mala costumbre con el mismo tiempo de antigüedad.                                             
-¿Habéis visto a Lizzie? –murmuró Cher, tapándose de un modo exagerado la boca para evitar que otra persona aparte de sus amigas la escucharan, refiriéndose a una alta rubia de ojos claros, que medio equipo de baloncesto de su instituto consideraba despampanante- ¿Creéis que este año habrán caído como regalo?        
-No seas así, Cher. Quizá sean naturales –intentó contradecirla Dana sin molestarse en advertir si alguien las estaba escuchando, no es que fueran las más populares para que alguien estuviera pendiente de sus conversaciones.                      
–Tú dirás todo lo que quieras, D. Pero eso no estaba así antes de irnos de vacaciones, te lo digo yo –opinó Bree, mientras se limaba las uñas pintadas de un ligera tonalidad marrón, impecables, como siempre.                                                                          
–Claro que no. Además, no sería la primera en este instituto que se lo hicieran. Recuerda que los regalos más comunes para esta gente son cochazos deportivos, aumentos de pecho y ese tipo de cosas,… -comentó Cher mientras se mordía de manera distraída sus propias uñas, como siempre tan desigualadas.                                       
La clase comenzó poco tiempo después, trayendo consigo a una señora Monroe totalmente animada. Dana siempre se había sorprendido de la inmensa vitalidad que tenía aquella mujer que rondaría probablemente los sesenta años; cuando otros profesores pagaban su mala leche con los alumnos por cualquier tontería, la señora Monroe se reía con ellos.                                                                                                          
En aquella clase ya les presentó a los alumnos el primer libro que estudiarían en aquel trimestre. Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Dana sonrió con sincero entusiasmo, aquel era uno de sus clásicos favoritos. Conocía la historia de Heathcliff y Catherine como la palma de su mano; e incluso podía citar sus partes favoritas de memoria.                                                                                                           
Cher echó una mirada de reojo a su amiga y sonrió, conocía perfectamente los gustos literarios de la joven, puesto que los compartían casi por completo.                
Dana echó una ligera mirada a Bree; quién escondida de la vista de la profesora con su bloc, tecleaba con rapidez en su nuevo iPhone.                                                  
Unos ligeros golpes distrajeron la atención de toda la clase. La señora Monroe; quién estaba repartiendo diversos ejemplares de la novela por toda la clase, paró de sopetón y con el resto de libros que sujetaba abrió la puerta.                                                
A Dana se le aceleró el corazóm al instante, ya había visto antes esa cabellera rubia, de hecho, hacia relativamente poco.                                                                                
El chico se quedó hablando un corto rato con la señora Monroe en la puerta, antes de que esta le entregara uno de los ejemplares que llevaba consigo y le pidiera que tomara asiento. Maldiciendo en su interior a Bree; quién miraba con fijeza e incredulidad al muchacho, observó como él tomaba asiento en el pupitre que estaba a su lado y sonreía de medio lado a su amiga.                                                                   
De repente sintió como le vibraba el bolsillo de su pantalón. Cogió con cuidado el móvil que tenía aprisionado en sus vaqueros ajustados y le echó un vistazo. Tenía un mensaje, de Bree. La miró de reojo extrañada, Bree la miraba directamente y le insistía que lo abriera con la mirada. Así que lo hizo:
"Parece que tu chico de Atlanta ha venido a mudarse a la Gran Manzana,...¡Idiota, es ÉL! El chico del que te hable esta mañana"        

CONTINUARÁ...