Los accesos al nuevo hospital de Burgos son tan desastrosos como se dice. Para muestra, un botón: (ver texto completo). Ayer estuve en él y me volví loco: primero, para encontrar la entrada entre calles de dirección única ¡incluso laentrada aurgencias es dirección prohibida! Luego, porque se nos conduce de boca al parking de pago. Allí, todos los coches daban la vuelta en un lugar sin espacio para maniobrar. Luego, todas las dificultades para aparcar en el gratuito (direcciones obligatorias sin sentido, etc), que es inmenso pero estaba cerrado con una valla de obra mal puesta, luego por la nieve, que se apilaba en montañitas pordoquier. Pregunté a un guardia de seguridad que me indicó que solo hay una puerta y está en la otra punta, tuve que atravesar un callejón rodeado de cemento tipo prisión de máxima seguridad y subir por unas escaleras de metal, sortear unos conos, desandar dos veces el camino, en cuesta a 0º y con un palmo de nieve, subir más y entrar por la única puerta, que curiosamente está orientada al lado opuesto de la calle por donde se entra, preguntar a una guía, pegar una pateada inmensa por pasillos larguísimos sin indicaciones en las paredes, todos iguales, bajar por un ascensor hasta una planta que olía a diarrea porque las puertas de los retretes estaban abiertas de par en par, seguir los letreros escritos a mano que veis en la foto y finalmente llegar a un lugar en la planta -2 (sí, las han etiquetado al revés, con números negativos, aunque esté a ras de calle) a donde habría llegado enseguida si se hubiera podido entrar por donde se debería.
Salir fue otra odisea: primero, te tienen bebiendo litros de agua y sin mear para hacerte la ecografía, y luego cogen y dejan los baños cerrados, con lo que hay que caminar hasta la otra punta para encontrar uno (alguno se les meará en una esquina. De hecho creo que uno ya se cagó...). Luego probé todas las salidas y comprobé que estaban cerradas a cal y canto, incluso las de emergencia (ojalá que no haya una porque si no...). Luego debí desandar todo el camino, zanja de hormigón incluida y cuando llegué al parking no podía salir por culpa de la valla de obra,así que seguí las direcciones obligatorias acabé en otro parking mayor y también sin salida donde otros coches andaban dando vueltas y preguntando, como ratones en un laberinto. Al final, tras bajar y subir una pendiente helada y circular unos metros en dirección contraria, encontré la única salida. Un caos total, vamos. Y todo para que la ecógrafa, con sorna, me dijera tras tenerme tendido semidesnudo en una sala sin luz, helado de frío, que "ella no veía nada".