Les traigo un nuevo One Shoot escrito por mí :) Y con este día tan Jonatico que nos tocó, aprovecho para subirlo. Puede que sea de una trama algo oscura y poco atrayente, pero como hace unos mil años que no escribía, me emocionó el resultado. Me inspiré en una canción de The Wanted, al principio del texto les dejo un pedacito de la canción. En fin, espero les guste ;)
ENJOY!

P.D: Próximamente, One Shoot de Kevin :)

One Shoot:




Behind Bars 

Siento algo sobre mí y trató de huir de los demonios que me persiguen…no hay lugar donde esconderse…creo que podría estar volviéndome loco…las paredes se acercan…más frío… yo estoy tras las rejas…necesito a alguien, por favor, porque estoy tras las rejas. 
The Wanted, Behind Bars.



Mi compañero me habla y con cada una de sus palabras se forma una nubecita de vaho alrededor de su boca. Se ríe mientras yo refriego las manos contra mi gabardina polar y me esfuerzo por seguir su anécdota sobre el día anterior, las pobres visitas que recibió por el día de su cumpleaños. Una brisa de viento invernal sacude mi cabello y frunzo el ceño cuando noto que la ventanilla de la celda está abierta de par en par, entre insultos me acerco a cerrarla y por detrás me sigue un coro de carcajadas propias de mis compañeros. 

—No es gracioso —digo, mi seriedad le da más gracia a la situación. 

—Relájate, pequeño. Hoy es un día especial para tí—, responde uno, y yo me dedico a rodear los ojos. Yo no lo llamaría especial, más bien melancólico, angustiante, un día más en el calendario, pienso decir, pero me muerdo la lengua.

Cuando no hay más qué comentar, entre el silencio indiferente, escucho pasos a lo lejos, pasos decididos, fuertes.

El guardia se acerca.

Max, mi compañero de celda, me mira con las cejas curvadas y con una sonrisita traviesa en su cara. Los demás se hacen a un lado y deciden tomar asiento en el suelo helado contra las rejas en igual condición. Siento a mis músculos tensarse, presión en mi mandíbula. 

—Joseph.

El guardia cárceles me mira con esos ojos apagados a los que tanto temo, se dedicó a guardar silencio mientras me enseñaba la llave de la celda, luego la insertó en la cerradura. Mis ojos siguieron el movimiento brusco de su mano y al instante, las rejas a medio pintar, la puerta, la salida, estaba abierta.

Pestañeé seguido, sin saber muy bien qué debería hacer.

—Vamos muchacho—, dijo con su voz ronca —, tienes visitas.

Visitas.

¿Quién sería capaz de visitarme un día como hoy? 

Avanzo, dejo atrás a mis compañeros y a las rejas desgastadas de mi celda, camino por el oscuro pasillo hacia una compuerta que separa las cámaras, de la sala de visitas y de aquel lugar donde los guardias pasan el tiempo bebiendo café. 

—Ah, por cierto… —dice el viejo con uniforme azul mientras coloca en mis muñecas unas esposas lo suficientemente ajustadas para imposibilitarme cualquier reacción iracunda —…Feliz cumpleaños.

Se ríe y yo lo miro mal.

— ¿Joe?

Volteo cuando una voz suave oprime mi pecho y entonces, me encuentro con sus ojos, dos caramelos de miel me contemplan inquietos. No sé qué hacer. Los pasos del guardia alejándose se escuchan como una melodía de fondo.

Sarah recorre mi cuerpo con una mirada atenta.

—Has bajado de peso—, murmura ante mi ceño fruncido. 

Ella luce incómoda, tan fuera de lugar.

— ¿Qué haces aquí? —Casi grito y no espero una respuesta—: Deberías estar en tu casa, a salvo, preocupándote por tu vida. No aquí. No en un lugar como éste. 

—Lo estoy. Estoy preocupándome por mi vida, Joseph.
Silencio.

—Feliz cumpleaños.

— ¿Qué tanto de feliz crees que pueda ser mi cumpleaños, Sarah?
No pareció escucharme.

—Tus hermanos te envían saludos.

—Podrían venir aquí contigo a enviármelos personalmente, ¿no lo crees? Al parecer tú eres más valiente que ellos. Malditos…

Sarah frunce sus labios rosáceos, se acerca a la única mesa que hay en el lugar y toma asiento junto a ella. Espera que la siga. No lo hago.

—Sabes que no puedes vivir echándote la culpa sobre lo que pasó, Joseph. Fue un accidente. Tú no querías…él…

—Ya hemos hablado sobre esto —digo, repentinamente furioso.

—Solo quiero que entres en razón. Tú…estuviste en el momento equivocado, en el lugar equivocado.

— ¿Quieres decir que intenté robar en el momento equivocado, en el lugar equivocado? ¿Qué matar a una persona fue obra del destino, un accidente que le pudo haber pasado a cualquiera? ¿Eso es lo que quieres que entienda?

—Te arrepientes, quieres morir en este lugar porque te arrepientes. Y sabes que en un par de años saldrás, tu condena se cumplirá, Joe, ¿qué harás entonces? ¿Intentarás robar un banco para que te arresten otra vez? —Traga saliva— ¡Ese es el objetivo de las cárceles! Que las personas se arrepientan de sus actos pasados y que ni siquiera vuelvan a pensar en cometer un ilícito nuevamente, pero tú…tú no puedes perdonarte.

—No lo entiendes. No entiendes nada —me defendí, los ojos me quemaban y sentía las lágrimas recorriendo mis mejillas. 

—El que no entiende las cosas aquí, eres tú, Joseph.

Me miró, una mirada fría, acusadora, impaciente que más tarde se grabaría en lo más profundo de mis recuerdos y me atormentaría por siempre.

El peso que solía sentir en mi espalda disminuyó cuando susurré:

—Solo quiero huir de los demonios que me persiguen…

Pero ella ya se había ido y las rejas a medio pintar, frías como el hielo, me envolvieron otra vez.


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